Bachelet anda a lavar la LOCE!!! o La revolución de los pingüinos

Valparaíso, Chile, junio de 2006
por Biolab
Para entender el movimiento de los estudiantes secundarios en el Chile del 2006, en pleno futuro, debemos remontarnos a los tiempos republicanos de este país, y más precisamente, al gobierno socialista del Dr. Salvador Allende, en medio del enfrentamiento de clases más descarnado que recuerda la historia de Chile y que desemboca en la dictadura militar de 1973.
Hoy, 33 años más tarde, nos encontramos en pleno gobierno socialista de la Dra. Michelle Bachelet quien debe honrar las promesas de justicia social y justicia “a secas” adeudadas a los chilenos (hasta hoy día) por todos los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición gobernante desde el fin oficial de la dictadura hace 16 años.
¿La alegría está llegando?
La enorme, organizada, democrática, alegre, decidida, exultante y maravillosa movilización de los estudiantes secundarios, la llamada “revolución de los pingüinos”, es en rigor, un fenómeno nuevo.
Nunca los chilenos habían tenido derechos de verdad. Antes éstos estaban escritos sobre libros destinados a ser traicionados por los poderosos.
La verdad es que quién ha ejercido el poder desde siempre en Chile, a excepción del período del gobierno de Allende (razón por la cual fue derrocado) ha sido la derecha económica, el poder del dinero y, políticamente hablando, los Estados Unidos de Norteamérica, país también conocido por su alias: USA. Este Estado ha velado sin descanso, ininterrumpidamente por sus intereses hegemónicos globales. Gracias a su influencia directa y voluntaria, “el pueblo”, como se acostumbraba llamar entonces a la hoy desabridamente mal llamada “gente”, nunca tuvo ni la más mínima posibilidad de tener ni una pisca de poder, ni un solo derecho verdadero, sólo letra muerta.
Ahora bien, pensandolo un poco, quizás esa es la diferencia fundamental entre “el pueblo” y “la gente”.
La diferencia es que el pueblo nunca tuvo derechos, y nunca los tendrá. Sin embargo, la gente, en este caso los pingüinos secundarios, mayoritariamente chilenos de entre 13 y 18 años de edad, jóvenes que nunca conocieron el crimen que encarnó la dictadura y que siempre han vivido en democracia.
Jóvenes a quienes se les ha “enseñado” e "inclucado" la democracia, linda y resplandeciente detrás de las vitrinas de los asépticos y cuidados centros comerciales o bien por televisión. El respeto de los derechos civiles y , como gusta de decir el ex Presidente Ricardo Lagos, un país donde “las instituciones funcionan”.
Se les ha dicho que son ciudadanos, y ¡¡no cualquier ciudadano!! Son ciudadanos de primera categoría mundial, hijos del país mas moderno de América Latina (AL), ya no los ingleses de AL, sino los israelitas de AL, por lo menos es lo que se ve Chile a través de la mirada de Bolivia.
Se les ha inculcado que tienen derechos, a la educación, a la salud, a la justicia, a la información. Se les explica en los noticiarios que el precio del cobre arrecia en la Bolsa de metales de Londres. Las empresas chilenas se instalan en los países vecinos, la presidenta envía tropas (humanitarias esta vez) a Haití para ayudar a un país hermano desvalido, la ministra de defensa “defiende” esta tesis.
Entonces, los estudiantes secundarios se preguntan, "si estamos tan bien, si podemos ayudar a los otros, entonces el país está en condiciones de ayudar a los suyos, especialmene a sus niños".
Es así entonces que los estudiantes secundarios irrumpen en la calma cotidianidad de supermercado de Chile, para exigir aquello que tanto les han enseñado y prometido.
¡Queremos lo que nos corresponde!, ¡Exigimos lo que es nuestro! Los estudiantes salen a las calles, no sin antes organizarse tal cual les han enseñado sus padres y sus profesores en las escuelas, donde les enseñan sus derechos y la ley. Siendo fundamentalmente democráticos, respetando la horizontalidad del voto y del mando. Siendo, los voceros, sólo representantes absolutamente fidedignos y fieles a la voz de la asamblea popular. Aplicando todas las reglas que ya conocen y respetan. Es sabido que el alumno en ocasiones sobrepasa a su maestro.
Entonces, si los derechos son nuestros, los haremos valer.
Paro nacional de los estudiantes secundarios.
Una vez en la calle, los estudiantes son barridos por la policía anti disturbios como en los mejores días de la dictadura. Todo el mundo se moviliza, la sociedad chilena habitualmente adormilada, semi drogada, ultra esnifada, cocainómana, archi endeudada, hiper frustrada, comienza a negociar. Los políticos, parlamentarios, dirigentes de último minuto y otros de larga data, que por lo mismo y debiendo avergonzarse, no se dan siquiera por enterados.
La iglesia opina, la televisión cambia su programación. Los noticiarios dejan de informar sobre el sempiterno y ahora omnipresente “fútbol”. La agenda noticiosa es otra, los estudiantes secundarios están en todos lados, son un ejemplo abrumador de perfección, tolerancia, buena voluntad, claridad y madurez política.
Algo nunca visto antes en toda la historia de Chile. La madurez de una clase política que irrumpe la realidad como sólo puede hacerlo la luz utópica de la juventud, que en este caso es casi aun niñez.
El gobierno, a través de la Presidenta ha entregado una respuesta contundente. La primera medida tomada es mandar un proyecto de reforma constitucional que garantice el “derecho a una educación de calidad”.
Debiéramos entender que esta ley es el primer paso a centrar nuestra atención y el debate, más en el “DERECHO A LA EDUCACIÓN DE CALIDAD", que a las condiciones o leyes de un mercado.
Actualmente los libros del profesor en las escuelas de Chile registran la asistencia diaria de los alumnos, cifra que que el actual sistema convierte en una cantidad de recursos por subvención del Estado cada mes, la que se eleva a $ 30.000 pesos chilenos (unos US $51) .
Estos libros deben dejar de ser "libros de contabilidad”, y cumplir otro rol en la escuela, cual es registrar la historia de vida de cada alumno.
El ex ministro de educación y recien electo presidente del PPD (Partido Por la Democracia), Sr. Sergio Bitar, explica sus recetas para zanjar el problema por la TV, sin embargo sólo lo escuchamos hablar de gestión, administración, recursos, presupuesto de la nación.
Productos, usuarios, clientes.
En su discurso por ninguna parte un atisbo de lo que casi todos los políticos en tiempo de elecciones prometían: una educación de calidad, un derecho inalienable, la verdadera solución al débil y titubeante despegue de la sociedad chilena.
El manejo que el gobierno de la Dra. Bachelet dé a este conflicto, la pelea que sus representantes den en el parlamento contra una derecha económica instalada en la cima de una constitución política mal parida y bastarda, serán señales clave para la ciudadanía que votó por su mandato, por un liderazgo nuevo, limpio, prístino que prometió definitivamente tomar el toro por las astas.
El movimiento de los estudiantes pone sobre la mesa los enormes desequilibrios e inequidades del modelo neoliberal de los chicago boys, hijos predilectos del dictador. Modelo defendido a ultranza por los susodichos parlamentarios de la Alianza por Chile y su cómodo sistema binominal, piedra angular y problema central de Chile, causante de su miserable presente y de su futuro incierto.
por Biolab
Para entender el movimiento de los estudiantes secundarios en el Chile del 2006, en pleno futuro, debemos remontarnos a los tiempos republicanos de este país, y más precisamente, al gobierno socialista del Dr. Salvador Allende, en medio del enfrentamiento de clases más descarnado que recuerda la historia de Chile y que desemboca en la dictadura militar de 1973.
Hoy, 33 años más tarde, nos encontramos en pleno gobierno socialista de la Dra. Michelle Bachelet quien debe honrar las promesas de justicia social y justicia “a secas” adeudadas a los chilenos (hasta hoy día) por todos los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia, coalición gobernante desde el fin oficial de la dictadura hace 16 años.
¿La alegría está llegando?
La enorme, organizada, democrática, alegre, decidida, exultante y maravillosa movilización de los estudiantes secundarios, la llamada “revolución de los pingüinos”, es en rigor, un fenómeno nuevo.
Nunca los chilenos habían tenido derechos de verdad. Antes éstos estaban escritos sobre libros destinados a ser traicionados por los poderosos.
La verdad es que quién ha ejercido el poder desde siempre en Chile, a excepción del período del gobierno de Allende (razón por la cual fue derrocado) ha sido la derecha económica, el poder del dinero y, políticamente hablando, los Estados Unidos de Norteamérica, país también conocido por su alias: USA. Este Estado ha velado sin descanso, ininterrumpidamente por sus intereses hegemónicos globales. Gracias a su influencia directa y voluntaria, “el pueblo”, como se acostumbraba llamar entonces a la hoy desabridamente mal llamada “gente”, nunca tuvo ni la más mínima posibilidad de tener ni una pisca de poder, ni un solo derecho verdadero, sólo letra muerta.
Ahora bien, pensandolo un poco, quizás esa es la diferencia fundamental entre “el pueblo” y “la gente”.
La diferencia es que el pueblo nunca tuvo derechos, y nunca los tendrá. Sin embargo, la gente, en este caso los pingüinos secundarios, mayoritariamente chilenos de entre 13 y 18 años de edad, jóvenes que nunca conocieron el crimen que encarnó la dictadura y que siempre han vivido en democracia.
Jóvenes a quienes se les ha “enseñado” e "inclucado" la democracia, linda y resplandeciente detrás de las vitrinas de los asépticos y cuidados centros comerciales o bien por televisión. El respeto de los derechos civiles y , como gusta de decir el ex Presidente Ricardo Lagos, un país donde “las instituciones funcionan”.
Se les ha dicho que son ciudadanos, y ¡¡no cualquier ciudadano!! Son ciudadanos de primera categoría mundial, hijos del país mas moderno de América Latina (AL), ya no los ingleses de AL, sino los israelitas de AL, por lo menos es lo que se ve Chile a través de la mirada de Bolivia.
Se les ha inculcado que tienen derechos, a la educación, a la salud, a la justicia, a la información. Se les explica en los noticiarios que el precio del cobre arrecia en la Bolsa de metales de Londres. Las empresas chilenas se instalan en los países vecinos, la presidenta envía tropas (humanitarias esta vez) a Haití para ayudar a un país hermano desvalido, la ministra de defensa “defiende” esta tesis.
Entonces, los estudiantes secundarios se preguntan, "si estamos tan bien, si podemos ayudar a los otros, entonces el país está en condiciones de ayudar a los suyos, especialmene a sus niños".
Es así entonces que los estudiantes secundarios irrumpen en la calma cotidianidad de supermercado de Chile, para exigir aquello que tanto les han enseñado y prometido.
¡Queremos lo que nos corresponde!, ¡Exigimos lo que es nuestro! Los estudiantes salen a las calles, no sin antes organizarse tal cual les han enseñado sus padres y sus profesores en las escuelas, donde les enseñan sus derechos y la ley. Siendo fundamentalmente democráticos, respetando la horizontalidad del voto y del mando. Siendo, los voceros, sólo representantes absolutamente fidedignos y fieles a la voz de la asamblea popular. Aplicando todas las reglas que ya conocen y respetan. Es sabido que el alumno en ocasiones sobrepasa a su maestro.
Entonces, si los derechos son nuestros, los haremos valer.
Paro nacional de los estudiantes secundarios.
Una vez en la calle, los estudiantes son barridos por la policía anti disturbios como en los mejores días de la dictadura. Todo el mundo se moviliza, la sociedad chilena habitualmente adormilada, semi drogada, ultra esnifada, cocainómana, archi endeudada, hiper frustrada, comienza a negociar. Los políticos, parlamentarios, dirigentes de último minuto y otros de larga data, que por lo mismo y debiendo avergonzarse, no se dan siquiera por enterados.
La iglesia opina, la televisión cambia su programación. Los noticiarios dejan de informar sobre el sempiterno y ahora omnipresente “fútbol”. La agenda noticiosa es otra, los estudiantes secundarios están en todos lados, son un ejemplo abrumador de perfección, tolerancia, buena voluntad, claridad y madurez política.
Algo nunca visto antes en toda la historia de Chile. La madurez de una clase política que irrumpe la realidad como sólo puede hacerlo la luz utópica de la juventud, que en este caso es casi aun niñez.
El gobierno, a través de la Presidenta ha entregado una respuesta contundente. La primera medida tomada es mandar un proyecto de reforma constitucional que garantice el “derecho a una educación de calidad”.
Debiéramos entender que esta ley es el primer paso a centrar nuestra atención y el debate, más en el “DERECHO A LA EDUCACIÓN DE CALIDAD", que a las condiciones o leyes de un mercado.
Actualmente los libros del profesor en las escuelas de Chile registran la asistencia diaria de los alumnos, cifra que que el actual sistema convierte en una cantidad de recursos por subvención del Estado cada mes, la que se eleva a $ 30.000 pesos chilenos (unos US $51) .
Estos libros deben dejar de ser "libros de contabilidad”, y cumplir otro rol en la escuela, cual es registrar la historia de vida de cada alumno.
El ex ministro de educación y recien electo presidente del PPD (Partido Por la Democracia), Sr. Sergio Bitar, explica sus recetas para zanjar el problema por la TV, sin embargo sólo lo escuchamos hablar de gestión, administración, recursos, presupuesto de la nación.
Productos, usuarios, clientes.
En su discurso por ninguna parte un atisbo de lo que casi todos los políticos en tiempo de elecciones prometían: una educación de calidad, un derecho inalienable, la verdadera solución al débil y titubeante despegue de la sociedad chilena.
El manejo que el gobierno de la Dra. Bachelet dé a este conflicto, la pelea que sus representantes den en el parlamento contra una derecha económica instalada en la cima de una constitución política mal parida y bastarda, serán señales clave para la ciudadanía que votó por su mandato, por un liderazgo nuevo, limpio, prístino que prometió definitivamente tomar el toro por las astas.
El movimiento de los estudiantes pone sobre la mesa los enormes desequilibrios e inequidades del modelo neoliberal de los chicago boys, hijos predilectos del dictador. Modelo defendido a ultranza por los susodichos parlamentarios de la Alianza por Chile y su cómodo sistema binominal, piedra angular y problema central de Chile, causante de su miserable presente y de su futuro incierto.
